¿Es esto todo? Lo que no “debo mostrar ni ser”

//¿Es esto todo? Lo que no “debo mostrar ni ser”

¿Es esto todo? Lo que no “debo mostrar ni ser”

Desconozco si le ocurre a todas las personas pero sí apostaría a que le ocurre a la mayoría. En algún momento de nuestra vida, nos asalta una pregunta:
¿Es esto todo?

Algunos nacimos ya con esa cuestión en el alma, antes de aprender a hablar.

Estas preguntas piden rellenar ese hueco que se nos hace a la altura del estómago con el fin de encontrar un porqué a nuestra existencia.

La respuesta a esa pregunta es el propósito: el qué haces aquí, con qué plan has venido y cuál es tu misión.
El propósito de cada individuo no tiene porqué estar relacionado con hacer algo grande ni con ser famoso, ni con plantar un árbol o escribir un libro.

El propósito es el encuentro del personaje y de su función en esta obra de teatro que es la vida cotidiana.

Una vez lo encontramos podremos modificarlo porque ya somos dueños y conocedores de la obra. Pero, lo que suele ocurrir tras este reencuentro, es entrar con fuerza y pasión en el personaje pues ese disfraz está hecho a medida, porque ese personaje ha sido creado solo para nosotros y por nosotros mismos y es gracias a él que podremos lucirnos en nuestro mejor papel:
el de protagonista, productor y director de nuestra propia obra.

Entonces, ¿por qué es tan difícil encontrarlo?

El hecho es que atendemos a la obra que está en función cuando empezamos a tener conciencia de que estamos aquí y nos creemos que esa es la nuestra o que es lo que nos ha tocado.
Nos metemos en ella y empezamos a actuar e intentar tomar un personaje dentro de las obras de otros y nos pasamos la vida aprendiendo el texto, gestos y escenas de un personaje desconocido, sirviente de la obra del otro, con el que, en el peor de los casos, ni simpatizamos.

Por eso la vida es tan difícil y por eso nos pasan cosas desagradables porque no nos encontramos en nuestra piel y porque el decorado se nos antoja extraño.

Y, por si esto fuera poco, los otros personajes están igual de perdidos que nosotros, con lo que creemos que eso es lo normal y continuamos viviendo, como si nunca hubiésemos sentido ese hueco, ese vacío en el estómago.

¿Para qué he venido a este mundo?

Es una de las preguntas que más ansiedad nos produce al no obtener contestación alguna.
Suplimos este vacío con respuestas falsas, llenas de palabras tópicas que todos los personajes de esta gran obra entienden y así, nos sentimos protegidos, apoyados y a salvo, creyendo ser creativos y únicos.

Para encontrar el propósito o para que este nos encuentre, pues él también nos busca a nosotros, hay que ser valientes y pasar por encima de toda cuestión porque hay que entender que posiblemente el propósito se encuentre ahí donde nunca has ido, eso que nunca te has permitido pensar, esa palabra que nunca has usado o ese disfraz que tan bien te sienta pero que no es correcto usarlo en esta película que te has montado.

Es como llevar el hábito de monja encima de un alma exhibicionista. ¿Cómo me voy a quitar el hábito y mostrarme desnuda? Y si enseño un poco el liguero, ¿qué pensarán los demás? ¿Será correcto?

Es como cuando todo el mundo ve en ti a un buen hombre, familiar, trabajador responsable, siempre rodeado de los suyos, comprometido con el mundo pero dentro de ti esperas el momento de jubilarte para saborear la soledad porque un ermitaño en ti pide auxilio en silencio.
¿Cómo voy a mostrar esa parte mía tan ruda? No podría soportar la desaprobación de quienes me rodean.

Todo esto es más que una broma pesada.

Cuando no estás en tu papel en esta vida, cuando no tienes ni idea de por dónde pueden ir los tiros, es porque tu propósito se esconde detrás de algo en ti que te gusta, que eres y  que alguna vez asfixiaste por ser “política y socialmente incorrecto”..

Este análisis es tremendamente íntimo y se necesita de mucha claridad y rendición para llevarlo a cabo. Puede ser un proceso largo y no fácil pero también te puede sobrevenir de golpe, con un poco de suerte o tal vez, después de un golpe certero.

No todos estamos preparados para ello ya que el personaje erróneo tiene un aguante sin fin.
El personaje erróneo elige siempre aguantar con tal de no rendirse.
Y esto gusta al resto de la Humanidad.

Es lo que yo llamo soberbia frente a la humildad de dar un puñetazo al aire y decir “se acabó”.

Rendirse es el paso para que el propósito te encuentre o lo que es lo mismo, es como quitarte el disfraz erróneo y tirar el rol por la borda.

Una vez desnudo, sin vergüenza alguna y sin esperar nada, viene el tuyo a vestirte.

¡¡Gracias y disfruta!!

Ruth M.

2017-12-08T20:15:01+00:00