¿Por qué parece que las cosas no nos salen?

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¿Por qué parece que las cosas no nos salen?

 Cuando comenzamos con interés y emoción a optar por un cambio de vida, comenzamos entonces una limpieza interior. Por todos los sitios se dice que para cambiar de vida tiene que haber un cambio interior. Ya estamos hartos de oírlo.

Nos analizamos, tratamos de “cambiar creencias”, observamos allí dónde tenemos conflictos y de esta manera, empezamos a limpiarnos por dentro. Es un proceso que a veces no se presenta fácil y en el cual nos encontramos con muchos obstáculos. Aún así, seguimos adelante.
¿Por qué, entonces, si estamos haciendo lo que tenemos que hacer, no nos salen las cosas?

Debo decir que tanta literatura sobre desarrollo personal ha entorpecido esta labor que el ser humano hace incluso de manera inconsciente, como la digestión.

No solo se trata de enfocarte en algo y de cambiar creencias (las creencias no se cambian así como así) y cuando cambias una creencia, tomas otra, normalmente la opuesta, lo cual quiere decir que no se ha cambiado nada. Nunca te quedas en el punto de en medio, porque eso sería elevar el porcentaje de conciencia y aún estamos aquí, con nuestra percepción horizontal.  Tomamos una creencia opuesta a la que teníamos pero no nos damos cuenta de que la estamos tomando desde la misma emoción (tono emocional), por lo tanto, el cambio que estamos realizando, no es tal cambio.

 Voy a poner el ejemplo de cuando hacemos una limpieza a fondo en casa, como si esta fuera la limpieza interior que estamos llevando a cabo en nuestras vidas.
 Cuando te propones limpiar tu casa a fondo, lo tomas con muchas ganas, pero luego te vas encontrando con cosas que ni sabías que tenías ni para qué servían: muebles inútiles, trastos, objetos innecesarios e incluso obscenos y mucho polvo.  Ahí es cuando te entretienes, preguntándote si algún día ese trasto te vendrá bien, si algún día te arrepentirás de tirar esas fotos de la comunión de un primo lejano que no sabes ni cómo se llama, etc..


En este punto del proceso, nos vamos agotando pero tenemos que seguir porque no podemos vivir con todo tirado por los suelos.
Ya que hemos movido algo, vamos a colocarlo en su sitio o vamos a tirarlo.
Es ahí el momento en el que flaqueamos. Nos vemos con mucha porquería y no sabemos por dónde empezar.
De repente, surge un imprevisto en nuestras vidas que desvía nuestras fuerzas e intenciones hacia otro lado y entonces, nos vemos obligados a dejar la limpieza que ya hemos comenzado, sin acabar.

Cuando todo se soluciona y vuelves a casa, ni te acuerdas que lo habías dejado todo tirado y casi no quieres ni entrar en ella cuando ves el escenario tan desordenado que se te presenta ante tus ojos.
 Al final, como hemos perdido el tono emocional que nos llevó a hacer la limpieza, resulta que acabamos dando por concluida la gran limpieza, colocando de nuevo los muebles en su sitio y tirando algo de lo que vemos por ahí encima, como para quedar bien con nosotros mismos.
Sin embargo, en nuestro interior sabemos que no hemos concluido con ella.
Comenzamos a vivir con esa carga.
Esto se parece al cambio de vida. Se empieza pero no se termina. Realmente no hay un final porque siempre estamos moviéndonos pero para poder colocar un mueble nuevo en el salón, tienes que tirar el viejo.
Es como cuando quieres tener un desapego total con el dinero (¿realmente hay desapego a algo?) y resulta que te autoengañas no tocando tus ahorros por si acaso. En el fondo, sabes que estás jugando a dos cartas. Es el miedo y la falta de criterio lo que nos paraliza.
Y, a decir verdad, yo creo que nada sea tan importante, ni la limpieza, ni el cambio ni nada.
 Se puede vivir con la casa llena de trastos, se puede vivir con dinero debajo del colchón mientras intentamos ser ricos, se puede ser incluso feliz ante un escenario horroroso pero todo esto se puede hacer cuando realmente sabemos que lo estamos eligiendo. Somos libres. No dejemos que tanta literatura entre en nuestras vidas. Que entre y que luego salga porque podemos elegir vivir como nos dé la gana .
Entonces, las cosas no nos salen porque nos sentimos mal por no hacer lo que nosotros mismos nos hemos propuesto. ¿Para qué nos proponemos algo? Vivamos sin más.
Y todo se va colocando, pero tienes que dejar que se coloquen (ahí está tu trabajo, sencillamente, dejar que las cosas sean).
Consigues más plenitud viviendo el momento presente, tal cual estás, que apuntándote en una agenda un plan a llevar y luego sentirte mal porque te has topado con tu enemigo: tú mismo.
Y nos creemos que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, que es lo peor.
¡Menuda creencia más absurda! ¿No?
¿Por qué no tomamos otra que diga que nuestro mejor amigo somos nosotros mismos y que no hay nada malo ahí dentro?
¡Menudas trampas nos venden y tomamos como nuestras para aplazar el placer que podemos disfrutar ahora para más adelante!
Gracias y disfruta.
Ruth Morales
2017-12-08T20:17:39+00:00