Que nos quieran

//Que nos quieran

Que nos quieran

 

Al final, lo que queremos todos es que nos quieran.
Siempre he pensado que todo es mucho más fácil. Con una mano que se pose en tu hombro o una mirada cómplice sin más, muchos “males” desaparecerían y nos sentiríamos parte de este TODO que somos.

No nos tocamos, no nos rozamos y ni siquiera nos miramos ni nos comunicamos por miedo a que eso pueda significar otra cosa o por miedo a desnudar nuestros temores y posibles intenciones ocultas.

¿Qué intenciones? ¿Qué puede significar el que yo toque a otro ser humano?

Contratamos y pagamos por servicios para que nos acaricien, para que nos hagan reír, para que nos escuchen, para que nos conduzcan al éxtasis, cuando todo eso es gratis, parte indivisible nuestra, inherente a nuestra obra.

¿Estamos haciéndolo difícil aposta? ¿Qué es lo que tenemos que perder si, a fin de cuentas, no poseemos nada?

Un abrazo, una mano encima del hombro a modo de reconocimiento y compasión es suficiente.

Cuando estás en manos de otros, dígase durante la experiencia de una prueba médica no agradable (¿hay alguna que lo sea?), de una intervención quirúrgica, de un incidente traumático, de algún trago no deseable, solo basta una mano encima de tu hombro, que te diga:

“Sé que esto no es de tu agrado. Estoy contigo y te entiendo.” 

Esta es la mejor anestesia, resultado de la compasión, elevado sentimiento del ser humano.

Ese es el poder que tenemos si nos colocamos en el otro lado, donde siempre estamos, en ese sitio en el que el bienestar de otro ser humano está en nuestras manos, a quien debemos dar las gracias por darnos la oportunidad de convertirnos en hacedores del “bien” al invitarnos a ser partícipes de su obra. En realidad, se nos está invitando a expresarnos al máximo, lo que conocemos como, ser mejores personas.

A fin de cuentas, todos queremos lo mismo: que nos quieran.

Gracias y sigamos disfrutando.

Ruth Morales

 

2017-12-08T20:12:18+00:00