El punto cero. La gracia de poder disfrutar de la vida

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El punto cero. La gracia de poder disfrutar de la vida

 

Este artículo lo escribo en respuesta a un comentario que acabo de recibir en relación al anterior post de este mismo blog, titulado  Ser coherente para educar.

Comparto con ustedes el comentario recibido:

Estimada Ruth!!! me he sentido Feliz leyendo este post, porque gracias a que en un momento nos dimos cuenta de todo esto que hablas, pudimos salirnos del viejo paradigma y disfrutar felizmente de la maravilla de EDUCAR EN EL HOGAR, sin escuela. Digo nosotros porque somos muchas familias en Argentina, país que sé que conoces, que optamos por esta forma realmente MARAVILLOSA, donde todo cambia y se hace disfrutable al màximo. LA VIDA ES MARAVILLOSA y tenemos la gracia de poder VIVIRLA A TOPE!!!!, felicidad constante, permanente e imperturbable es lo que conseguimos!!!!. Los invito a todos a conocer nuestro espacio www.educandoconciencia.com.ar. (Silvana Gonella)

Hace pocos años, cuando comencé a ver la vida al revés, tuve una especie de visión.
Más que una visión fue un sentimiento de certeza. Vi una sociedad coherente, la cual no puedo explicar aquí porque me extendería mucho.

En esa diapositiva mental, a la que llamo así porque me asaltaron imágenes que en ningún momento provoqué de manera consciente, vi que los colegios no existían. Tengo que añadir que precisamente en aquel momento de mi vida, la educación escolar no estaba en mis prioridades de pensamiento y sentir. De ahí que me sorprendiera más aún de esa visión.

Vi que los niños crecerían en sus hogares, formando grupos en su propio entorno, si bien no siempre se agrupaban en sus propios hogares, sí que lo hacían en un espacio cercano a todos, como por ejemplo, un espacio común en el barrio de la ciudad donde vivieran, un espacio común en el edificio donde vivieran, en su propia urbanización o como queramos llamarlo; a fin de cuentas, donde habitaran.

Vi que los niños no aprendían nada sino que sencillamente jugaban, experimentando todo. Vi que todo era sencillo: ya no había padres estresados haciendo de taxistas de sus propios hijos, ya no había atascos en las ciudades en las horas puntas de entrada y salida de colegios, no había uniformes ni horarios escolares. Tampoco se vendían cuadernos de vacaciones que llenan nuestras tiendas más visitadas en el mes de junio, cuadernos que ayudan a que los niños no se olviden durante el verano de sumar, restar, de que sus cerebros no se atrofien y de que sus dedos no se entumezcan por no escribir a a lo largo de los dos meses estivales.

En la sociedad en la que nos desarrollamos, hacemos cualquier cosa menos desarrollarnos.

Sé y soy consciente de que el hecho de que existan colegios es práctico para los padres: es un momento de tranquilidad y de poder hacer otras cosas, amén de cuando los padres atienden a horarios laborales estrictos y no tienen con quién dejar a sus niños. Sé que hay padres a quienes no les gusta mucho que las vacaciones escolares se extiendan en el tiempo pues no tienen con quién dejar a sus hijos ni saben qué hacer con ellos cuando estos están en casa.

Todos estos malestares son producto de esta sociedad de plástico que hemos inventado.

Soy consciente de que todos los colegios de pago, es decir, no públicos, se acogen a un sin número de materias para justificar ese pago que hacen los padres. Ofrecen enseñanza personalizada ¿?, enseñanza cuatrilingüe, ofrecen materias extras que no incluyen los colegios públicos y actividades estupendas para que los niños interactúen con el mundo, etc.

Los niños no necesitan aprender historia. No la necesitan para nada a pesar de que estas palabras choquen con nuestra mente colectiva. Los niños no necesitan saber qué especies de animales habitan en las antípodas. Las matemáticas se vuelven ilógicas a partir de cierto momento.
Y qué decir tiene que aprender los movimientos literarios y lo que ha querido decir un novelista por medio de su obra, resulta en cierta manera absurdo. Habrá algunos de estos que, aún después de siglos fallecidos, todavía estén boquiabiertos viendo plasmadas de mano de otros, críticas de sus obras sin haber sido preguntados.

Los niños necesitan hacer uso del lenguaje para comunicarse, con lo que necesitan que la comunicación sea precisa y correcta, sencilla y útil pero no necesitan aprender a hacer un análisis morfosintáctico de un párrafo cuyas palabras jamás han sido pronunciadas en su entorno.

Nada de esto aprenderán los niños que yo vi en mi diapositiva mental, la cual ni pedí ni deseé y que me dio acceso a un futuro que en ese momento se me antojó bastante lejano.
De hecho, me pareció bastante irreal teniendo en cuenta desde dónde yo partía: año 2010, España, Europa: el viejo continente que guarda tanta historia.

Sé que en algunos países de Latinoamérica ya se ha comenzado el desaprendizaje. Ya se han quitado el miedo del qué pasará si nuestros niños ignoran cuándo empezó y acabó la Segunda Guerra mundial y quién fue el malo y quién el bueno.

No en vano, las líneas del tiempo se están cruzando porque nuestra conciencia ya está preparada para acceder al Campo y para entender que nada de eso ocurrió fuera de este marco temporal, de esta civilización.

Ocurrió solo en nuestra memoria, quizá para que ahora podamos borrarla y ponerla en el punto cero. Por eso no hay que enseñar nada a los niños porque es el momento de que comencemos a crear la realidad que queremos.

Ellos ya están en el punto cero.


Pasará lo que queramos que pase pues la realidad es creada entre todos y cada uno de nosotros. No vendrá nadie a castigarnos por no enseñar a nuestros hijos lo que nosotros aprendimos para aprobar un examen. Nos castigamos nosotros mismos.

Los profesores seguirán siéndolo, en la medida en la que ellos vayan tomando consciencia. Cuando una actividad desaparece, se generan otras. Nadie debe temer quedarse sin trabajo: es solo una invitación a ver otros escenarios, los cuales, siempre son más enriquecedores que los anteriores.

Es el momento de crear nuestra realidad sin apoyarnos en datos del pasado. Eso no es crear la realidad. Eso es funcionar como títeres de “lo que nos han contado”.

Desde aquí quiero dar la enhorabuena y mi reconocimiento a todos estos “valientes” que ya tomaron su poder. Si ellos lo han hecho, todos podemos hacerlo.

Gracias Silvana Gonella por haberte dirigido a este blog ofreciéndonos un ejemplo de otra manera de vivir. Por eso, animo desde aquí a visitar la página Educar para Ser en la que, desde Almansa, España, se propone esa educación consciente y humana que ya están haciendo otros.
Se puede hacer. Se debe hacer.

Gracias a todos y sigamos disfrutando.

Ruth Morales

2017-12-08T20:12:15+00:00